Primera Partida - derrota contra Lobos Espaciales
- En la primera partida hubo poco a destacar ya que llegué tarde (UGH!!), perdiendo automáticamente contra David y sus Lobos Espaciales.
- Poco a destacar en el rato que jugamos, excepto los disparos del cañón de asalto de la escuadra de exterminadores de la Guardia del Lobo que dejaron temblando a mi Maestre (Capitán) en servoarmadura Gravis; precisamente la R6 y salvación de 3+ y -1 al Daño como habilidad no sirvieron de mucho en dos turnos de disparo indiscriminado.
- David hizo muy bien en localizar de forma sistemática todos los disparos de esta unidad porque el Maestre Zacharial (se llama así) es un hueso duro de roer que podría resistir decentemente un combate contra los Lobos, dejando libres a mis unidad de Hellblasters e Intercesores para castigar a sus Garras Sangrientas y Wulfen.
- Las Heridas Devastadoras de Daño 1 son especialmente efectivas contra las armaduras Gravis, especialmente si vas a saco y no miras por moverlo por lugares que den cobertura. Claro, como tenía la partida perdidísima ya me daba igual todo un poco. En fin.
Segunda partida: derrota contra Custodes
La segunda partida me enfrentó a los Adeptus Custodes de Rubén y terminó con una derrota por la mínima: 45–50. Todo el torneo se disputaba bajo las reglas de Combat Patrol, cuyas pequeñas particularidades pueden tener un peso enorme en el resultado. En esta ocasión, una de ellas acabaría siendo decisiva.
Los dos Exterminadores Allarus de Rubén habían entrado en juego en el tercer turno, pero el momento crítico llegó en el quinto, cuando cargaron contra mis Hellblasters y el sargento superviviente de los Intercesores. Tras el combate, solo quedaron en pie un Hellblaster y el sargento. Ambos habían superado sus respectivos chequeos de Acobardamiento a 6+, pero su Control de Objetivos combinado era insuficiente: CO 1 frente al CO 4 de los Allarus. Cometí algunos errores sutiles que me costaron un posible empate.
Al repasar la partida, me di cuenta de una oportunidad que había dejado escapar en la fase de Mando: la estratagema Por el León - For the Lion, que aumenta en uno el CO de una unidad hasta el final del turno. Aplicada a cualquiera de las dos unidades supervivientes, habría elevado mi control de objetivo.
Errores que cometí:
- El Sgto. estaba fuera del terrero objetivo, así que no pude sumarle su CO 2. Este fue un error garrafal al mantener la idea de 10ª edición de estar a 3" del objetivo.
- Olvidar el uso de la Estratagema en la Fase de Mando. Sin ella no habría prácticamente ninguna posibilidad de empatar. Usarla preventivamente anticipando la carga más que posible de los Allarus en el Turno 4 y luego mantenerla en el Turno 5.
Si el objetivo hubiese seguido asegurado sin que mis Intercesores hubiesen abandonado el terreno de objetivo, ese empate de CO habría bastado para conservarlo tal como he comentado. Así sumaría los cinco puntos que me faltaban al final de la ronda 5 y cerrar la partida con un 50–50. No pudo ser.
Moraleja: Anticipa los movimientos de tu rival. En este caso, anticiparse consistiría en mejorar el Control de Objetivos de aquellas unidades que están protegiendo un objetivo, especialmente si se encuentran diezmadas...
Tercera partida: victoria contra Necrones
Para cerrar el torneo me esperaba Carlos y su patrulla de Necrones, con un esquema de pintura inspirado en un mundo helado. Su aspecto luego me hizo pensar e interesarme en el trasfondo de los Necrones. Resulta que Schrödinger VII es un mundo letal helado arrebatado al Imperio por las fuerzas de Imotekh, el Señor de la Tormenta, y su dinastía Sautekh. Posiblemente la fuerza bajo el Señor Supremo Amonhotekh proviene de este mundo-tumba. Acompañado por Guerreros Necrones, Destructores Skorpekh, Enjambres de Escarabajos Canópticos y un imponente Destructor Acechante Canóptico, se desplegaron en silencio y a una distancia alarmantemente cercana a mi campo de batalla y zona de despliegue.
Esta vez adopté un planteamiento más defensivo. La misión de Carlos premiaba tanto la ocupación de objetivos como la destrucción de unidades enemigas en sus inmediaciones, así que debía medir bien cuándo exponer a mis marines. Cada posición conquistada podía convertirse también en una oportunidad de puntuar para el rival.
Ante la inminencia del asalto necrón, repartí mis fuerzas de forma desigual y confié a mi querida Bladeguard una tarea con pocas posibilidades de sobrevivir: contener a los Guerreros Necrones y a Amonhotekh en un objetivo de expansión (ver foto). Aguantaron el tiempo que necesitaba y consiguieron arrebatarles el objetivo durante un turno. Su sacrificio me permitió tomar una ventaja que acabaría siendo fundamental.
En otro punto del campo de batalla, los Escarabajos Canópticos frenaron a mis Intercesores. Aquellos pequeños bichos de hojalata me retuvieron durante dos turnos antes de que pudiera eliminarlos, retrasando mucho más de lo previsto mi avance hacia el objetivo de expansión.
Mientras tanto, los Skorpekh fueron directos a por los Hellblasters. Mis especialistas en plasma ya debían de temerse otro desenlace parecido al de la partida anterior, pero esta vez había reservado una respuesta: mantuve al Maestre Zacharial, protegido por su armadura Gravis, fuera de la vista y preparado para lanzar una contracarga. Y así fue.
El esfuerzo conjunto de Zacharial y los Hellblasters supervivientes terminó por acabar con los Destructores, aunque de nuevo no fue un combate rápido. Los protocolos de reanimación prolongaron la resistencia necrona y volvieron a retrasarme para llegar al segundo objetivo de expansión, que estaba a unas pocas pulgadas, pero parecía una distancia enorme. La mejora del Maestre, que le permitía elegir entre Impactos Letales o bien Impactos Sostenidos, resultó ser un recurso valioso para finalizar aquel combate de una vez.
Amonhotekh, por su parte, había esperado pacientemente a que Zacharial cruzara su línea de tiro para dispararle la flecha de taquiones. Cuando llegó la ocasión, falló. Carlos gastó un Punto de Mando para repetir la tirada, pero el segundo intento tampoco encontró su blanco. Fue un momento de alivio ver que el Maestre seguía en pie.
Visto con perspectiva, creo que Carlos podría haber reservado mejor algunos de los Puntos de Mando que gastó durante las dos primeras rondas. En aquella ocasión, sin embargo, eligió un momento muy oportuno para recurrir a la repetición. Los dados fueron los que no acompañaron.
Cuando por fin alcancé el objetivo de expansión, el Destructor Acechante Canóptico ya tenía sus armas orientadas hacia Zacharial y el sargento Hellblaster superviviente. El Maestre afrontó solo la carga del constructo mientras el sargento se retiraba en busca de cobertura. Salvar al último miembro de la escuadra también significaba evitar que Carlos sumara otros cinco puntos por destruirla.
El sargento logró ponerse a salvo de los disparos y Zacharial resistió el combate, conservando tres heridas. No consiguió negarle al Destructor el control del objetivo, pero sobrevivir bastó para impedir que los Necrones añadieran más puntos al marcador.
La batalla terminó 35–40 a favor de los hijos del León. La Bladeguard había comprado tiempo, los Hellblasters habían superado otro asalto y Zacharial había resistido hasta el final. Esta vez, conservar a los últimos supervivientes fue suficiente para asegurar la victoria.




































































